Una gran historia empieza con una pregunta sencilla. En este caso fue casi una extrañeza: «¿cómo es posible que no exista un licor de cacao como tal, más allá de las cremas dulces de siempre?» De esa pequeña inquietud nació una idea que, sin saberlo aún, acabaría convirtiéndose en un proyecto profundamente valenciano, cargado de memoria, música y celebración. Así se gestó Momento Paquito.

La chispa inicial surgió en un contexto artístico, durante la producción de la obra teatral Paquito, una tragicomedia sobre la vida del compositor Gustavo Pascual Falcó, creador del inmortal Paquito El Chocolatero. El equipo de dirección artística y de producción sintió que aquella historia pedía algo más que aplausos. Gustavo Pascual Falcó, tan presente en todas las fiestas y pasacalles de España, seguía siendo un gran desconocido fuera del ámbito de la música de bandas municipales. «¿Y si se le rinde homenaje de una forma distinta, tangible, saboreable y celebrable?», se preguntaron Arantxa, Jordi y Xavi.

La propuesta tomó forma como la base de una partitura con los arreglos musicales por hacer. La compartieron con el maestro en coctelería y mixología Iván Talens, quien puso en contacto al equipo creativo con Javier Peiró y Noema Ortí, propietarios y creadores de la línea de licores valencianos Carmeleta. Fue uno de esos encuentros en los que todo encaja bien a la primera, como un flechazo de amor parecido al de Gustavo Pascual Falcó y Consuelito Pérez. Arte, tradición y oficio se miraron a los ojos y entendieron que estaban hablando el mismo idioma: de un proyecto, como dicen en Valencia, «de categoría», por la sensibilidad y la magia que contenía la propia historia del compositor.

El proyecto avanzó con una idea clara: crear un licor especial, valenciano hasta la médula, que fuese tradicional e innovador al mismo tiempo. Un licor que reflejara la alegría, la creatividad y el espíritu vital de Gustavo Pascual Falcó, un hombre para quien la amistad, la fiesta, la música y la familia fueron siempre pilares fundamentales, incluso en los momentos de mayor adversidad.

Con algunos de los ingredientes principales en mente, a falta de las sucesivas catas de probatura, la elaboración del licor quedó en manos expertas. Javier Peiró comandó el proceso de fabricación, afinando cada matiz y cada equilibrio, siempre acompañado y asesorado por el paladar exigente de Iván Talens, que aportó su dilatada experiencia y su visión desde el mundo de la coctelería. Cada prueba era como un ensayo en el que hay que ir matizando a los actores para que la obra emociones, y cada ajuste de color, textura y sabor, un semitono más o menos más hasta alcanzar la armonía perfecta del licor.

Mientras tanto, el proyecto crecía en otras direcciones. La familia de Gustavo Pascual lo recibió con enorme ilusión. En paralelo, Noema Ortí y el resto del equipo trabajaban incansablemente en las patentes, el embotellado, el encajado del producto, el diseño, los grafismos y la estrategia de márqueting. Porque Momento Paquito no solo debía saber bien: tenía que contar su historia.

Tras meses de trabajo, pruebas y sincronía entre todos los implicados, funcionando como un equipo unido, diverso y conectado, en el que cuando alguien no está, el otro cubre su vacío, se obtuvo el resultado final, un resultado doblemente especial. Por un lado, nació un licor único y exquisito. Y, por otro, se dio forma a un caldo pensado para ser compartido, brindado y celebrado entre amigos. Un producto listo para abrirse al mundo de la mano de los auténticos protagonistas de las fiestas valencianas: los que las hacen y viven desde dentro.

Momento Paquito es, al final, mucho más que un licor. Es memoria líquida, es música embotellada y es una invitación constante a celebrar la vida con la misma alegría con la que Gustavo Pascual Falcó la convirtió en banda sonora.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *